Golden Axe: El beat ’em up que convirtió los recreativos en un campo de batalla medieval

Portada de Golden Axe

Imagina esto: entras en un salón recreativo en 1989, huele a tabaco rancio y a monedas de 25 pesetas, y de repente escuchas un grito de guerra bárbaro seguido de un rugido de dragón. No, no has entrado en un bar de Juego de Tronos treinta años antes de tiempo. Has entrado en la máquina de Golden Axe.

Y lo que ves en pantalla te cambia la tarde. Un bárbaro musculoso, una amazona con espada larga y un enano con un hacha más grande que su autoestima repartiendo estopa a esqueletos, gigantes y amazonas enemigas mientras cabalgan dragones que escupen fuego. Si esto no te parecía la cosa más brutal y fascinante que habías visto en tu vida, probablemente estabas jugando al Tetris en la máquina de al lado.

  • Título: Golden Axe
  • Año: 1989
  • Sistema/s: Arcade, Mega Drive, Master System
  • Desarrolladora: Sega (AM1)
  • Género: Beat ’em up

¿De qué va esto?

Golden Axe es pura fantasía heroica de manual. Death Adder, un villano con un nombre que suena a grupo de death metal, ha secuestrado al rey y a su hija y se ha apoderado del Golden Axe, un hacha mágica que es básicamente el arma definitiva del reino de Yuria. La misión: recuperar el hacha, rescatar a la familia real y, de paso, dejar el suelo lleno de cadáveres de esqueletos y gigantes malencarados.

Para ello eliges entre tres héroes que parecen sacados de una partida de rol de las buenas: Ax Battler, un bárbaro con espada a dos manos que pone caras de pocos amigos; Tyris Flare, una amazona con espada larga y la magia más poderosa del juego; y Gilius Thunderhead, un enano con un hacha enorme y un sentido del humor que compensa su escasa estatura. Cada uno tiene sus propias estadísticas de ataque y, sobre todo, su propio nivel de magia.

Lo interesante es que los tres personajes son funcionalmente distintos, algo que en los beat ’em up de la época no era tan habitual. Double Dragon te daba dos hermanos que pegaban igual; aquí cada héroe te obliga a jugar distinto. Y eso, en 1989, era un detallazo.

El juego en acción

El gameplay es sencillo y bestia: pantalla con scroll lateral, oleadas de enemigos, y tú repartiendo espadazos, patadas voladoras y ataques en carrera como si no hubiera un mañana. Tienes un botón de ataque, uno de salto y uno de magia. La combinación de los tres permite hacer ataques especiales, agarres y lanzamientos que convierten cada combate en una pequeña coreografía de violencia medieval.

Pero el gran golpe maestro de Golden Axe son las monturas. A lo largo de los niveles aparecen unas criaturas llamadas Chicken Legs —sí, patas de pollo con escamas— y dragones que escupen bolas de fuego. Puedes robarle la montura a un enemigo, subirte tú y convertirte en una máquina de matar con esteroides. La sensación de poder que da cargarte a media docena de enemigos a lomos de un dragón azul es algo que ningún otro beat ’em up de la época podía igualar. Es el equivalente pixelado de subirte a un tanque en medio de una pelea de bar.

Captura de pantalla de Golden Axe
Golden Axe en el arcade original de 1989

La magia también merece mención aparte. Dependiendo del personaje, puedes lanzar magias de hasta 6 niveles de poder, desde simples bolas de fuego hasta invocar un dragón entero que fríe a todo bicho viviente en pantalla. La estrategia está en decidir cuándo usar los tarros de magia que recoges: ¿gastas poca magia para salir de un apuro o guardas todo para el jefe final y lo fríes en tres segundos? Spoiler: la segunda opción es mucho más satisfactoria.

El juego tiene 5 niveles (8 en la versión de Mega Drive) que van desde un pueblo en llamas hasta el castillo de Death Adder, pasando por un puente custodiado por un águila gigante y un camino tortuoso lleno de enemigos que no paran de salir. La curva de dificultad es justa: los primeros niveles te enseñan a jugar, pero a partir del nivel 3 la cosa se pone seria y necesitas cooperar o tener reflejos de gato ninja.

¿Cómo ha envejecido?

Captura de pantalla de Golden Axe
Combate a lomos de un dragón en la versión Mega Drive

Hablemos claro: Golden Axe tiene más de 35 años. Los gráficos son puro pixel art de Sega, con escenarios coloridos, sprites grandes y animaciones que, para la época, eran espectaculares. Hoy se ven con nostalgia, pero tienen un encanto que los gráficos hiperrealistas modernos no siempre consiguen. Eso sí, la versión de Mega Drive perdió algo de color y detalle respecto al arcade original, aunque ganó dos niveles extra y un modo de duelo.

La banda sonora compuesta por Yūzō Koshiro es una absoluta maravilla que mezcla melodías de fantasía épica con ritmos que te hacen querer machacar botones. El tema del primer nivel sigue siendo, décadas después, uno de esos earworms que te transportan directamente a tu infancia. Y los efectos de sonido —los gritos de los personajes, el rugido de las monturas, el crunch de los huesos al caer— siguen siendo tan satisfactorios como el primer día.

En cuanto a jugabilidad, Golden Axe aguanta el tipo sorprendentemente bien. Los controles responden, los combates tienen ritmo y la dificultad está bien calibrada. ¿Es repetitivo? Claro, como todos los beat ’em up de su generación. Pero es un repetitivo que divierte, sobre todo si juegas con un amigo. El modo cooperativo sigue siendo la forma definitiva de disfrutarlo: no hay nada como coordinarse para que uno monte al dragón mientras el otro limpia el suelo a espadazos.

Captura de pantalla de Golden Axe
Enfrentamiento contra un jefe en el arcade de Golden Axe

Veredicto final

Golden Axe no inventó el beat ’em up, pero lo perfeccionó y le puso esteroides. Las monturas, el sistema de magia por niveles y los tres personajes con estilos diferentes lo colocaron muy por encima de la competencia en 1989. Fue el juego que enseñó al mundo que Sega también sabía hacer arcades brutales y carismáticos, no solo plataformas con erizos azules.

Hoy se puede jugar en prácticamente cualquier plataforma gracias a los recopilatorios y emuladores, y sigue siendo tan divertido como recordabas. Eso sí, si puedes jugarlo con un amigo y unas birras, la experiencia se multiplica por diez.

Puntuación: 8.5/10

Un clásico inmortal que huele a sudor, espada y recreativos. Y eso, amigos míos, es el mejor cumplido que se le puede hacer a un juego de los 80.

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