Hay juegos que te marcan y punto. Y luego está Metal Slug, que te marca, te hace soltar una carcajada y encima te deja con ganas de meter otra moneda. En 1996, las recreativas llevaban años intentando impresionar con gráficos 3D y poligonios con más ángulos que caras. Y entonces llegó un estudio recién nacido llamado Nazca Corporation y dijo: «¿Y si hacemos el juego más bonito jamás visto en 2D?».
- Título: Metal Slug
- Año: 1996
- Sistema/s: Arcade (Neo Geo MVS), Neo Geo AES, PlayStation, Saturn
- Desarrolladora: Nazca Corporation
- Género: Run and gun / Shooter
¿De qué va esto?
Metal Slug es, a primera vista, un run and gun de scroll lateral de lo más clásico: avanzas, disparas, avanzas, disparas. Dos jugadores pueden compartir la cabina en cooperativo, repartiendo plomo a todo lo que se mueva. La historia —porque sí, hay una— te pone en el pellejo de los Peregrine Falcons, una unidad de fuerzas especiales que debe frenar al General Morden, un dictador con pinta de villano de cómic que ha robado el Metal Slug, un tanque súper secreto. Sí, el juego se llama como el tanque. Así de importante es este vehículo en la identidad de la saga.
Pero la trama es lo de menos. Lo que importa es que Metal Slug tomó la fórmula de Contra y la llevó a otro nivel: en lugar de correr y disparar a lo loco, aquí puedes montarte en el SV-001 (el famoso tanque), usar armas experimentales como el Heavy Machine Gun o la Laser Gun, y rescatar prisioneros de guerra que te recompensan con armas y puntos. Cada nivel es una mini-aventura con su propia personalidad, desde playas tropicales hasta fortificaciones militares que parecen sacadas de una película de guerra de los 60.
El juego en acción
Lo primero que te golpea al poner una moneda en Metal Slug es su apartado visual. Cada sprite está dibujado a mano con un nivel de detalle que hace llorar a los polígonos de la época. Los soldados enemigos no son clones: hay gordos, flacos, con gafas, con bigote, y cada uno tiene animaciones específicas para cuando les disparas, cuando huyen despavoridos o cuando se dan cuenta de que están a punto de volar por los aires. Los fondos son cuadros en miniatura: cascadas, vegetación, edificios en ruinas… todo con una riqueza que te obliga a parar un momento solo para mirar.
El sistema de armas es sencillo pero efectivo. Empiezas con una pistola y un puntero de granadas, y a medida que rescatas prisioneros o encuentras cajas, obtienes el Heavy Machine Gun (el clásico), la Shotgun (devastadora a corta distancia), la Laser Gun (atraviesa enemigos), el Flame Shot (lo que esperas: fuego) y el Rocket Launcher (para cuando necesitas hacer ruido). Cada arma cambia completamente cómo abordas las secciones, y la sensación de poder es adictiva.
Y luego está el tanque. El Metal Slug SV-001 es la estrella secreta del juego: un vehículo con ametralladora vulcan, cañón principal y la capacidad de agacharse. Cuando te subes a él, la dinámica cambia por completo — eres un tanque con patas, y eso se siente increíble. Pero cuidado: si la barra de vida del tanque llega a cero, tienes que salir corriendo antes de que explote, y la ventana de escape es ajustada.

La dificultad está bien calibrada para arcade: exigente pero no injusta. Los jefes finales son espectaculares — tanques enormes, barcos artillados, instalaciones militares que se desmoronan mientras luchas contra ellos. Y cada jefe tiene patrones que puedes aprender, lo que hace que intentar una y otra vez no se sienta como un castigo sino como un aprendizaje.
¿Cómo ha envejecido?
Aquí viene la parte que te va a doler: Metal Slug no ha envejecido. Ha madurado. Los sprites dibujados a mano siguen siendo hoy tan impresionantes como en 1996, y la animación de cada personaje, cada explosión y cada detalle del escenario sigue siendo referencia en la industria. No hay polígono de la época que pueda competir con lo que Nazca logró con píxeles.

El sonido es otro punto fuerte. La música de Takafumi «TARKAN» Ushida mezcla marchas militares con ritmos rockeros que te meten en el modo combate desde el primer compás. Los efectos de sonido —las explosiones, los gritos de los soldados, el ruido del tanque— tienen una pegada que los arcades modernos envidian.
¿Y la jugabilidad? Sigue siendo tan fluida y precisa como el primer día. Los controles responden al instante, la velocidad es la justa y la curva de dificultad te invita a seguir jugando. Lo único que puede chocar a un jugador moderno es la longitud: se puede terminar en 30-40 minutos si eres bueno (o si metes suficientes créditos), pero eso era la norma en arcade. La rejugabilidad está en perfeccionar tu ruta, conseguir todos los prisioneros y mejorar tu puntuación.

Los ports modernos (ACA NeoGeo en Switch, PS4 y Xbox, además de Steam) mantienen la experiencia intacta con opciones de save state y filtros visuales opcionales. La versión original de arcade sigue siendo la referencia, pero jugarlo hoy en una pantalla grande con un mando decente es una experiencia que no ha perdido ni un ápice de su magia.
Veredicto final
Metal Slug no es solo uno de los mejores run and gun de la historia. Es la prueba de que el pixel art, cuando se hace con el cuidado y la obsesión que Nazca Corporation le puso, puede superar a cualquier tecnología de su época y seguir siendo impecable tres décadas después. Si nunca has jugado un Metal Slug, empieza por el principio. Si ya lo jugaste, ya sabes que merece la pena volver. Y si crees que los gráficos 2D están anticuados, ponte delante de este juego y prepárate para cambiar de opinión.
Puntuación: 9/10 — Un clásico que no solo resiste el paso del tiempo, sino que lo hace parecer lento.