Jet Set Radio: el juego de Dreamcast que inventó el cel-shading y sigue siendo el más molón

Portada de Jet Set Radio para Dreamcast

Hay juegos que envejecen. Y luego está Jet Set Radio, que lleva 25 años esperando a que alguien le quite el trono de “juego más molón jamás creado” y, francamente, no parece que vaya a perderlo pronto. Puedes ponerlo hoy en una pantalla 4K y seguirá pareciendo más actual que la mitad de lo que sale cada mes en Steam.

Y lo más raro de todo: lo consiguió en 2000, en una consola que vendió menos que una tostadora con marca, sin pedir permiso a nadie.

  • Título: Jet Set Radio
  • Año: 2000
  • Sistema/s: Dreamcast (también en PS3, Xbox 360, PC, Vita y móviles vía remaster HD de 2012)
  • Desarrolladora: Smilebit (Sega)
  • Género: Acción / Patinaje sobre ruedas / Graffiti

¿De qué va esto?

Imagina una Tokyo futurista, estilizada como un cómic urbano, donde las pandillas se reparten el territorio no a tiros sino con botes de spray. Tú eres los GGs, una pandilla de patinadores que quiere pintar la ciudad entera mientras la policía, los rivales y un tipo con un perro gigante intentan aplastarte. La trama es una excusa, y lo sabe todo el mundo, incluido el equipo que la escribió.

El capitán de policía Onishima es, sin exagerar, uno de los villanos más simpáticamente absurdos de la historia: persigue a un grupo de adolescentes con grafiti como si fuera Osama Bin Laden. Manda tanques. Manda helicópteros. Todo por unos aerosoles. Es glorioso.

El juego no se toma nada en serio, y por eso funciona. Es pura actitud convertida en mecánica.

El juego en acción

Aquí viene la parte donde Jet Set Radio decide que no va a ser como los demás. El control no es el de un Tony Hawk, ni el de un plataformas al uso. Patinas, saltas, haces grinds sobre raíles y bordillos, y para pintar grafiti tienes que realizar movimientos con el stick analógico como si estuvieras haciendo un ritual. No es difícil de entender, pero sí de dominar, y ahí reside su gracia.

Cada nivel es un pequeño parque urbano abierto, con rutas verticales, atajos y zonas ocultas. El objetivo es cubrir todos los puntos de pintado antes de que se acabe el tiempo o te cazen. Y cuando subes la dificultad, el juego deja de ser un paseo y se convierte en un baile caótico entre esquivar policías, encadenar tricks y robarle medio segundo al reloj para terminar el último tag. Es adictivo de verdad.

La curva de dificultad es rara. Los primeros niveles te dan cuerda, los del medio te dan bofetadas, y el final te pide que hayas interiorizado el control hasta el punto de no pensar. Quien lo supera acaba con una sensación de fluidez que pocos juegos de la época conseguían.

Captura de pantalla de Jet Set Radio
Jet Set Radio en Dreamcast: estilo puro desde el primer frame

¿Cómo ha envejecido?

Aquí es donde Jet Set Radio da un concierto privado y el resto de la industria se queda mirando. El cel-shading que popularizó (sí, popularizó, porque antes de esto nadie había visto nada igual a este nivel) sigue siendo precioso. Las líneas gruesas, los colores planos, el movimiento a 30 fps con motion blur simulado para darle ritmo de videoclip… todo envejece como si el equipo de Smilebit hubiera firmado un pacto con alguien.

El sonido, directamente, está en el panteón de los dioses. Hideki Naganuma mezcló funk japonés, hip-hop, drum & bass y samples recortados con cuchillo, y el resultado es una banda sonora que por sí sola justifica jugarlo. Añade temas licenciados occidentales y tienes un disco que podrías ponerte hoy en una fiesta sin que nadie te pregunte “qué es este rollo antiguo”. Te preguntarán “qué es esto, mola”.

Lo que sí ha envejecido es la cámara. Y un poco el control, si somos sinceros. El stick analógico hace cosas raras en momentos comprometidos, y la cámara se empeña en enseñarte la pared en mitad de una persecución. No es para tirar el pad, pero sí para acordarte de que estás jugando a algo del año 2000. El remaster HD de 2012 mejora algo la fluidez, pero el alma del control original sigue ahí, con sus virtudes y sus rarezas.

Captura de pantalla de Jet Set Radio Tokyo-to
Tokyo-to, la ciudad que Smilebit diseñó como un lienzo

Veredicto final

Jet Set Radio no es perfecto. La cámara es un desastre con buen corazón, el control pide paciencia y algunas misiones finales rozan lo injusto. Pero es de esos juegos que valen más por lo que son que por lo que hacen. Tiene una identidad tan fuerte que cualquier juego moderno que intente parecerse acaba pareciendo un tributo, no un sucesor.

Si nunca lo has jugado, búscate el remaster HD (está en casi todo) y dale una tarde. Si ya lo jugaste en su día, ya sabes: pones la banda sonora, te acuerdas de Onishima y sonríes solo. Y eso, en un videojuego de hace 25 años, no se puede comprar con dinero.

Puntuación: 8.5 / 10. Le bajan décimas la cámara y algún pico de dificultad innecesario. Le suben el estilo, la música y el hecho de seguir siendo irrepetible.

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