Resident Evil 2 (PSX): la review del survival horror que lo cambio todo

Portada de Resident Evil 2 para PlayStation

Hay sustos, y luego está Mr. X

Hay zombies que te dan un susto, y luego está Mr. X: un tipo con gabardina que te persigue por una comisaría mientras suena un claxon de orquesta cada vez que asoma la cabeza por la puerta. Bienvenido a Raccoon City, donde tu primer día de trabajo como policía puede ser, literalmente, el último.

Resident Evil 2 llegó en 1998 con la presión de superar a un original que ya había inventado un género. Y no solo lo igualó: lo perfeccionó. Capcom cogió todo lo bueno del primer Resident Evil, le dio una capa de pintura cinematográfica y lo convirtió en una máquina de terror perfectamente engrasada. Vamos a ver por qué, casi tres décadas después, sigue siendo el punto dulce de la saga clásica.

  • Título: Resident Evil 2
  • Año: 1998
  • Sistema/s: PlayStation (también Nintendo 64, PC, Dreamcast y GameCube)
  • Desarrolladora: Capcom
  • Género: Survival Horror

¿De qué va esto?

Raccoon City se ha ido al garete. La Corporación Umbrella y su virus-T han convertido toda una ciudad estadounidense en un bufé libre de no-muertos. En medio del caos se cruzan dos protagonistas: Leon S. Kennedy, un novato de policía que llega a su primer día de trabajo (gran momento para empezar, la verdad), y Claire Redfield, que anda buscando a su hermano Chris, ese del primer juego que parece haberse esfumado.

Lo que sigue es una noche muy, muy larga en la comisaría de Raccoon City. El edificio era antes un museo de arte, lo que explica por qué tiene más trampas secretas y mecanismos raros que la casa de un millonario paranoico. Tu misión: sobrevivir, resolver puzles y descubrir qué demonios le ha pasado a Umbrella. Sin spoilers, pero el viaje te lleva desde sótanos con criaturas que no querrás ver con las luces apagadas hasta laboratorios que huelen a mal plan corporativo.

El juego en acción

Aquí es donde Resident Evil 2 brilla de verdad. La gran idea se llama sistema Zapping: eliges jugar primero con Leon o con Claire, y lo que haces en esa campaña afecta a la del otro. ¿Cogiste un objeto clave? Ya no estará en el otro escenario. ¿Dejaste munición en una taquilla para el futuro? Tu “yo” del otro lado te lo agradecerá. Es una mecánica tan elegante que parece magia, y te empuja a jugar las dos campañas para ver la historia completa desde dos ángulos.

El control es el clásico de la era PSX: cámara fija con ángulos cinematográficos y el famoso “tank control”, donde arriba es siempre “hacia donde miras” aunque la cámara haya cambiado. Hoy puede parecer tosco, pero en su momento creaba una sensación de impotencia que le venía como anillo al dedo al survival horror. No eres un marine espacial: eres un funcionario novato con poca munición y peor puntería.

Captura de pantalla de Resident Evil 2
Resident Evil 2 en PlayStation

La gestión de recursos es el corazón del juego. Las hierbas curan, las cintas de tinta sirven para guardar la partida (sí, guardar es un recurso limitado, así que piénsalo bien antes de hacerlo en cada habitación) y la munición escasea justo lo suficiente para que cada disparo te tiemble el pulso. Los puzles mezclan medallones, joyas y placas con una lógica que tiene más de videojuego que de mundo real, pero encajan tan bien en el ambiente que nunca rompen la inmersión.

Y luego está Mr. X, o el Tyrant T-00 si quieres hablar bonito. Un tipo enorme, impasible y con gabardina que aparece en el escenario B para perseguirte por la comisaría sin descanso. No puedes matarlo, solo esquivarlo y rezar. Su tema musical, que empieza con un claxon de orquesta, se ha convertido en uno de los sonidos más estresantes de la historia del videojuego. El remake de 2019 lo elevó a icono, pero el original ya sembró el pánico.

Captura de pantalla de Resident Evil 2
La comisaría de Raccoon City, escenario icónico

¿Cómo ha envejecido?

Los fondos pre-renderizados de Resident Evil 2 aguantan el paso del tiempo sorprendentemente bien. Son ilustraciones estáticas con un nivel de detalle que los modelos poligonales de la época no podían ni soñar, y hoy siguen luciendo como cuadros con sabor a película de terror de serie B. Los personajes, en cambio, sí han sufrido: Leon y Claire son ahora una colección de polígonos encantadora que mueve la boca como un pez fuera del agua. Encantador y un poco ridículo, todo a la vez.

El sonido, ahí está la joya. La banda sonora de Masami Ueda y Shusaku Uchiyama sigue haciendo su trabajo: pianos fríos, cuerdas inquietantes y esos silencios que te hacen mirar hacia la puerta de la habitación real. Las voces en inglés con subtítulos, y un doblaje que hoy provoca más risas que terror, forman parte del encanto retro. Lo que cuesta más perdonar hoy es el control: el tank control y los ángulos fijos exigen paciencia, y quien no creció con ellos puede necesitar una hora de adaptación antes de dejar de odiarlos.

Captura de pantalla de Resident Evil 2
El terror PSX en su estado puro

Lo bueno es que el juego no se ha quedado atrapado en 1998. Además de ports a casi todo lo que tenía lector de discos, en 2019 Capcom publicó un remake espectacular que modernizó la fórmula manteniendo el espíritu. Así que quien quiera probar la historia hoy tiene dos vías: la original, para puristas y arqueólogos del terror; y el remake, para quien prefiera su zombi con iluminación moderna. Ambas valen la pena.

Veredicto final

Resident Evil 2 es el ejemplo perfecto de secuela que no repite, sino que perfecciona. Cogió una fórmula ganadora, le añadió el sistema Zapping, un perseguidor icónico y una comisaría que se ha grabado en la memoria colectiva de medio mundo gamer, y lo empaquetó todo con una narrativa cinematográfica que en 1998 era casi revolucionaria. No inventó el survival horror, pero sí lo llevó a su forma más reconocible.

¿Merece la pena jugarlo hoy? Sí, con la advertencia de que el control y los modelos son de su época. Si lo haces con cariño, encontrarás uno de los juegos más influyentes del catálogo de PlayStation y, posiblemente, el mejor Resident Evil clásico de todos. Puntuación: 9/10. Y un consejo: guarda la cinta de tinta para después de ver a Mr. X. Lo agradecerás.

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