Si le preguntas a cualquier fan de los shooters verticales por la saga 194X de Capcom, el 99% te hablará de 1942 o de 1943. Son los hermanos mayores, los que salen en todas las fotos familiares. Pero hay un tercer hermano, uno que llegó en 1990 con la plataforma CPS-1 bajo el brazo y que convirtió cada pantalla en una orgía de explosiones y disparos que haría sonrojar al mismísimo Michael Bay. Ese hermano se llama 1941: Counter Attack, y hoy vamos a darle el reconocimiento que los recreativos le negaron.
Ficha técnica
- Título: 1941: Counter Attack
- Año: 1990
- Sistema: Arcade (CPS-1)
- Desarrolladora: Capcom
- Género: Shoot ’em up vertical
¿De qué va esto?
Imagina la Segunda Guerra Mundial, pero con más láseres, más explosiones y un general que aparentemente ha pedido por catálogo todo el arsenal de una civilización alienígena. Tú eres un piloto aliado —en solitario o con un colega en modo cooperativo a dos jugadores— y tu misión es sencilla: volar hacia arriba mientras todo lo que se mueve en pantalla intenta convertirte en confeti metálico.
1941: Counter Attack es la tercera entrega numerada de la saga 194X, pero la primera en dar el salto al hardware CPS-1 de Capcom, el mismo que movía Final Fight o Street Fighter II. Y se nota. Este no es el shooter de sprites diminutos y fondos monocromáticos que recordabas de 1942. Aquí los aviones tienen detalle, los jefes ocupan media pantalla y las explosiones son tan exageradas que casi puedes oler la pólvora.
Hay seis fases que te llevan desde el Pacífico hasta una base enemiga final, pasando por portaaviones, destructores, formaciones de bombarderos y todo tipo de maquinaria bélica. La excusa argumental es lo de menos —esto es un arcade de 1990, no una novela de Tom Clancy—, pero el contexto de la Guerra del Pacífico le da una personalidad que otros shooters espaciales de la época no tenían.
El juego en acción
Lo primero que te sacude al jugar a 1941 es que no mueres de un solo disparo. Sí, has leído bien. En un género donde un roce con una bala enemiga significa volver al principio de la fase con la autoestima por los suelos, Capcom decidió darte una barra de vida. Varios impactos aguantas antes de estampar el avión. Esto no hace el juego más fácil —que nadie se engañe—, pero sí más justo. Te permite aprender los patrones enemigos sin tener que memorizar cada milímetro de la pantalla como si fuera un examen de anatomía.
El sistema de armamento es otro puntazo. Tienes tu disparo básico y una carga especial que puedes liberar cuando quieras para soltar un ataque devastador que limpia la pantalla. Pero la gracia está en el riesgo: si aguantas la carga acumulando energía, el ataque es mucho más potente. El dilema constante entre soltar ya para salir de un apuro o aguantar para el megadisparo añade una capa de estrategia que pocos shooters de la época ofrecían.
Además, puedes recoger power-ups de distintos tipos: disparo frontal mejorado, fuego lateral, misiles… La variedad no es descomunal, pero suficiente para que cada partida se sienta un poco distinta. Y luego están los jefes: verdaderos monumentos al exceso. Acorazados que ocupan un tercio de la pantalla, aviones gigantes con patrones de ataque que parecen coreografías de ballet armado, y un jefe final que es básicamente una fábrica de guerra con alas.

¿Cómo ha envejecido?
Gráficamente, 1941 es un caramelito para la vista incluso hoy. Los sprites son grandes y detallados, los fondos tienen profundidad con ese efecto de parallax que tanto molaba en los 90, y la paleta de colores es vibrante sin caer en lo chillón. Cuando derribas un avión enemigo no desaparece tímidamente: explota en una nube de fuego que casi tapa los sprites vecinos. Es espectacular, y esa espectacularidad no ha caducado.

La música, cortesía del equipo de sonido de Capcom, cumple con marchas militares aceleradas que te meten en situación sin llegar a cansar. No es la banda sonora de tu vida, pero acompaña perfectamente el ritmo frenético del juego. Los efectos de sonido, eso sí, son puro arcade: explosiones contundentes y ese “pium pium” que tanto echamos de menos los que crecimos con monedas de 25 pesetas en el bolsillo.
Donde más le pesan los años es en la curva de dificultad. Aunque la barra de vida ayuda, el juego no tiene piedad a partir de la tercera fase. Las pantallas se llenan de proyectiles, los enemigos aparecen por todos lados y algunos patrones son directamente memorísticos: o sabes lo que va a pasar o te fríen. Para el jugador moderno acostumbrado a checkpoints generosos y tutoriales de 40 minutos, 1941 puede ser un jarro de agua fría. Pero para el que busca ese subidón de adrenalina del arcade clásico, sigue siendo una experiencia adictiva.

Veredicto final
1941: Counter Attack es el shoot ’em up que Capcom diseñó para presumir de hardware nuevo, y vaya si lo consiguió. Tiene todo lo que le pides a un arcade de tiros: acción frenética, gráficos que aún hoy impresionan, una barra de vida que te hace sentir casi humano, y suficiente caos pirotécnico como para que cada partida parezca el 4 de julio.
Es el hermano olvidado de la saga 194X, sí, pero también es el más divertido de los tres. No tuvo la fama de 1942 ni el reconocimiento de 1943, pero si tienes la oportunidad de echarle una partida —ya sea en MAME, en un recopilatorio de Capcom o en el recreativo de algún coleccionista con mejor suerte que tú—, no la dejes pasar. Eso sí, prepárate para morir. Mucho. Pero con estilo.
Puntuación: 7.5/10