Imagina que mañana, sin avisar, Sony anuncia que ha desarrollado un juego de God of War junto a FromSoftware y que lo publica Microsoft. Imposible, ¿verdad? Pues en 1996 ocurrió algo igual de raro: Nintendo le prestó a Mario —a Mario, su mascota más protegida, el fontanero intocable— a Square, la reina indiscutible del RPG, para que hiciera con él un juego de rol. Y lo más increíble no es que ocurriera. Es que el resultado fuera una obra maestra.
El contexto
Para entender el milagro hay que situarse a mediados de los noventa. La Super Nintendo entra en la recta final de su vida: PlayStation y Saturn ya rugen en Japón y la Nintendo 64 se hace de rogar. Mientras tanto, Square vive su edad de oro: acaba de encadenar Final Fantasy VI y Chrono Trigger, y su nombre es sinónimo absoluto de RPG.
Pero había un problema: fuera de Japón, el rol japonés era un género de nicho. Demasiado texto, demasiados menús, demasiada estadística para el jugador medio. Nintendo quería abrir ese mundo al gran público, y para poner la puerta no se le ocurrió nadie mejor que Mario. Si el fontanero vendía consolas él solito, igual también vendía los puntos de experiencia.
El proyecto se montó con nombres de peso, nada de encarguito: Shigeru Miyamoto ejerció de productor, con Chihiro Fujioka y Yoshihiko Maekawa dirigiendo por parte de Square. Y en la música, una joven Yoko Shimomura, años antes de firmar la banda sonora de Kingdom Hearts. Cuando ves los créditos, entiendes que aquí nadie vino a cumplir el trámite.
Cómo se cocinó el RPG imposible
Lo brillante de Super Mario RPG: Legend of the Seven Stars es que Square no hizo “Final Fantasy con fontanero”. Hizo algo nuevo. Los combates son por turnos, sí, pero con pulsaciones medidas —los famosos timed hits—: si aprietas el botón justo en el momento del impacto, haces más daño o reduces el golpe enemigo. Entre combate y combate, plataformeo isométrico, secretos y puzles ligeros. Un RPG que se controla como un Mario y se siente como un Square. La fórmula funcionó tan bien que aún hoy es la base de Paper Mario y de la saga Mario & Luigi.
Técnicamente era una bestia del ocaso de la SNES: gráficos pre-renderizados con la misma técnica que había hecho famoso a Donkey Kong Country, un cartucho con chip SA-1 y un acabado visual que parecía imposible en 16 bits. La consola escupiendo sus últimas genialidades antes de jubilarse.

Y luego están los personajes. Mallow, el príncipe rana-nube que llora y provoca tormentas. Bowser uniéndose al grupo porque la banda de Smithy le ha echado de su propio castillo, y aguantando el tipo con más dignidad de la esperada. Y sobre todo Geno: un guerrero de la Star Road cuyo verdadero nombre es impronunciable (♥♪!?, así, tal cual) y que habita el cuerpo de un muñeco de madera. Square creó con él un personaje de culto absoluto: treinta años después, los fans siguen pidiéndolo a gritos para Super Smash Bros.
El juego fue, además, el canto del cisne de una relación histórica. En 1997, Square anunció Final Fantasy VII para PlayStation y el matrimonio con Nintendo se rompió durante años. Super Mario RPG quedó como testamento de lo que pudo ser una de las grandes parejas de la industria. Y Europa, para más inri, ni siquiera lo olió en su día: no llegó oficialmente hasta 2008, en la Consola Virtual de Wii. Doce años de retraso. Cosas de la era PAL.
Esto no te lo esperabas
- Geno no pertenece a Nintendo: es propiedad de Square (hoy Square Enix). Por eso sus apariciones posteriores se cuentan con los dedos de una mano: un cameo en Mario & Luigi: Superstar Saga y un traje para los luchadores Mii en Smash. El propio Sakurai ha reconocido que lo tuvo en mente.
- El nombre real de Geno es ♥♪!?. Geno es solo el nombre del muñeco que posee. Imagina firmar documentos oficiales con eso.
- Yoko Shimomura ha dicho en más de una ocasión que esta banda sonora es uno de sus trabajos favoritos. Temas como el del bosque de las setas siguen sonando en conciertos de música de videojuegos.
- Peach es jugable y pega sartenazos. Literalmente: una de sus armas es una sartén. Mucho antes de que las sartenes fueran mainstream en los videojuegos.
- El remake de Switch de 2023 fue la primera vez que el juego pudo jugarse oficialmente en español. Solo 27 años después.

El legado del RPG que no debía existir
Super Mario RPG no debería haber existido. Era un experimento entre dos compañías que poco después se separarían, con una mascota que nadie dejaba tocar y un género que fuera de Japón no vendía. Y sin embargo marcó una época: inventó los timed hits, nos regaló a Geno y demostró que Mario podía protagonizar un RPG sin perder ni un gramo de su alma.
El remake de 2023 lo puso al alcance de todo el mundo, pero la historia sigue siendo la misma: una anomalía preciosa de la industria. De esas que solo pasan una vez.