Imagina por un momento que en 1997 alguien en Square dijo: “Oye, ¿y si hacemos un Final Fantasy donde el héroe no salve al mundo con el poder de la amistad, sino que acabe odiando a su propia familia mientras la Iglesia manipula guerras civiles a su antojo?”. Seguramente le miraron como quien mira a un tipo que ha traído caviar a una barbacoa. Pero Yasumi Matsuno no era de los que se amedrentaban. Y gracias a esa terquedad, tenemos Final Fantasy Tactics: probablemente el juego más adulto, despiadado y brillante que ha salido de las entrañas de Square.
Si solo lo conoces de nombre porque aparece en todos los tops de “juegos infravalorados”, quédate. Porque lo de “infravalorado” se queda corto. Esto es una obra maestra que, en su día, vendió como si fuera un juego de curling en verano.
- Título: Final Fantasy Tactics
- Año: 1997 (Japón) / 1998 (EE.UU.)
- Sistema/s: PlayStation (original), iOS, Android, PSP
- Desarrolladora: Square
- Género: RPG Táctico
¿De qué va esto?
La historia arranca con Ramza Beoulve, un caballero de noble cuna que descubre que su familia es más tóxica que el chat de Twitch durante un speedrun. Lo que empieza como una guerra de sucesión entre facciones nobiliarias —la clásica pelea de ricos por quién se sienta en el trono— se convierte en algo mucho más oscuro cuando la Iglesia Glabados empieza a mover hilos con la misma delicadeza con la que tú movías el joystick de la N64.
Matsuno, que ya había demostrado su talento en Tactics Ogre, lleva aquí la narrativa política a otro nivel. Traiciones, genocidios encubiertos, manipulación religiosa, lucha de clases… Todo ello contado a través de un sistema de diálogos que no te da ni una palmada en la espalda. El juego confía en tu inteligencia. Y eso en los 90 era casi tan raro como un Bugs Bunny sin chupete.
No hay un villano malo porque sí. Cada personaje cree que está haciendo lo correcto, incluso cuando está destrozando vidas. Es Shakespeare con sprites poligonales y orquesta de fondo.
El juego en acción
Aquí es donde Final Fantasy Tactics se desmelena. El combate es táctico por turnos sobre un grid isométrico, y no, no es el abuelo aburrido de XCOM. Es rápido, agresivo y profundísimo.
El sistema de trabajos (jobs) es una locura. Empiezas con clases básicas —caballero, arquero, mago blanco— y, a medida que ganas experiencia en cada una, desbloqueas ramificaciones absurdamente divertidas. Quieres un ninja que también lance magia negra. Quieres un monje que se cure a sí mismo mientras mete palizas. Quieres un calculador que convierta las coordenadas del mapa en hechizos devastadores. Todo es posible, y el juego te anima a experimentar sin piedad.
La dificultad no baja la guardia. No es injusta, pero te castiga duramente si intentas jugar en piloto automático. Hay batallas que se quedan grabadas en la memoria no por ser espectaculares, sino por exigirte que pienses tres turnos antes. Y cuando pierdes a un personaje en combate… puede que no vuelva. El permadeath existe, aunque discretamente, como un recordatorio de que en Ivalice la guerra no perdona.
Los controles en la versión original de PlayStation son un poco toscos —mover el cursor por el grid isométrico con la cruceta era un arte que solo dominaban los elegidos—, pero nada que arruine la experiencia. De hecho, le da un toque de “éramos más valientes entonces”.

¿Cómo ha envejecido?

Vamos a ser honestos: los gráficos de Final Fantasy Tactics no han envejecido, han fosilizado. Los personajes son sprites pre-rendered sobre fondos poligonales que en su día parecían magia y hoy parecen… bueno, magia de los 90. Pero hay algo en esa estética que sigue funcionando. Quizás sea la dirección de arte de Akihiko Yoshida, que logró que un puñado de píxeles tuviera más carisma que muchos protagonistas actuales con presupuestos de blockbuster.
La banda sonora, compuesta por Hitoshi Sakimoto y Masaharu Iwata, es sencillamente de las mejores de la historia de los videojuegos. Temas como “Ovelia’s Worries” o “Antipyretic” no envejecen: maduran. Escucharlos hoy sigue poniendo la piel de gallina, y eso es algo que pocos juegos de la época pueden decir sin sonrojarse.
En cuanto a jugabilidad, el sistema de jobs y la curva de dificultad siguen siendo referencia obligada para cualquier RPG táctico moderno. Si has jugado a Fire Emblem: Three Houses o Triangle Strategy, estás viendo la descendencia directa de lo que Matsuno inventó aquí. Incluso el remake para PSP, War of the Lions (2007), añadió escenas animadas y voces que le dan un aire de obra teatral que encaja perfectamente con el tono trágico de la historia.

Veredicto final
Final Fantasy Tactics no es solo un gran juego: es un recordatorio de que los videojuegos pueden contar historias adultas sin perder un ápice de profundidad mecánica. Es un juego que te hace sentir inteligente por entender sus intrigas políticas, y luego te hace sentir torpe por perder una unidad clave en el siguiente combate. Ese equilibrio entre cerebro y corazón es su magia.
Si nunca lo has jugado, tienes una deuda pendiente con tu yo gamer. Y si lo jugaste en su día, merece la pena volver. Ivalice sigue ahí, esperando, con sus guerras, sus mentiras y su belleza desgarradora.
Puntuación: 10/10 — No porque sea perfecto, sino porque su imperfección misma es parte de lo que lo hace inolvidable.