Imagínate esto: es 1993, todos los RPGs del mundo te obligan a esperar tu turno para atacar, y de repente aparece un juego donde tú y dos amigos más podéis moveros, luchar y lanzar hechizos al mismo tiempo en la misma pantalla. Sin turnos. Sin esperas. Y en una Super Nintendo. Eso fue Secret of Mana, y treinta años después, nadie ha hecho algo igual.
- Título: Secret of Mana
- Año: 1993
- Sistema/s: Super Nintendo
- Desarrolladora: Square
- Género: Action RPG
¿De qué va esto?
Un chico de un pueblo remoto tropieza con una espada clavada en una piedra —sí, la referencia artúrica es intencionada— y, al sacarla, desata una fuerza ancestral que podría destruir el mundo. Junto a una chica sin recuerdos y un espíritu travieso, emprenderá un viaje para restaurar el poder de Mana antes de que un imperio lo corrompa todo.
La premisa suena a RPG clásico, y lo es, pero la ejecución no tiene nada de convencional. Secret of Mana fue uno de los primeros juegos en demostrar que los RPGs no tenían que ser menús y números. Que se podía contar una historia épica mientras tú y tus amigos saltabais por la pantalla esquivando ataques en tiempo real.
Y sí, dije amigos. Porque lo que convirtió a Secret of Mana en algo único fue su modo cooperativo para hasta tres jugadores simultáneos. Con un accesorio llamado Super Multitap, podías conectar tres mandos y cada jugador controlaba a uno de los tres protagonistas. En 1993, eso era prácticamente ciencia ficción.
El juego en acción
El sistema de combate de Secret of Mana es en tiempo real. Mueves a tu personaje libremente por el escenario, atacas con un botón y lanzas magia y objetos a través de un menú radial —el Ring Command— que se abre alrededor del personaje sin pausar el juego. Ese menú fue una innovación que muchos juegos copiaron después, desde Chrono Trigger hasta la saga Kingdom Hearts.
Las armas son otro punto fuerte: ocho tipos diferentes (espada, lanza, arco, hacha, látigo, bumerán, guante y jabalina), cada una con su propio nivel de maestría que sube conforme la usas. Los orbes que encuentras permiten mejorarlas en las forjas, y cada arma tiene ataques especiales que se cargan manteniendo pulsado el botón. El problema es que, tras cada golpe, hay un tiempo de recuperación implícito que hace que machacar el botón sea contraproducente. Hay que ser estratégico, y eso divide opiniones.
La magia funciona igual: ocho espíritus elementales —Undine de agua, Gnome de tierra, Salamando de fuego…— te otorgan hechizos que también suben de nivel con el uso. Es un sistema elegante que premia la constancia.

Pero lo mejor, con diferencia, es el modo cooperativo. Cuando juegas con amigos, la experiencia se transforma completamente. Cada uno decide cuándo atacar, qué magia usar, qué arma equipar. No hay nada como coordinar un ataque combinado de tres personas contra un jefe final mientras los tres gritáis en el salón. Es la experiencia cooperativa que muchos juegos modernos intentan replicar y pocos consiguen.
Eso sí, si juegas solo, la IA de los compañeros es… cuestionable. El sprite tiene la mala costumbre de gastar toda su magia en el primer enemigo que ve, y la chica se queda atascada en las esquinas con una frecuencia alarmante. No es game-breaking, pero te hará suspirar más de una vez.
¿Cómo ha envejecido?

Los gráficos de Secret of Mana son un ejemplo de lo que la Super Nintendo podía hacer en su mejor momento. Los sprites son grandes, expresivos y coloridos. Los escenarios usan el Mode 7 con resultados espectaculares en momentos como el vuelo sobre el dragón Flammie. Y la paleta de colores es tan vibrante que, incluso hoy, el juego resulta agradable a la vista. No hay píxel que sobre.
La banda sonora de Hiroki Kikuta es, sin exagerar, una de las mejores de toda la historia de los videojuegos. Temas como “Fear of the Heavens”, “A Curious Tale” o el tema principal son melodías que se te quedan para siempre. Kikuta logró crear sonidos orquestales con las limitaciones del chip de sonido de la SNES, y el resultado es tan bueno que las versiones orquestales modernas apenas le añaden algo.
Donde el juego muestra más su edad es en el sistema de combate. El tiempo de recuperación tras cada ataque se siente lento para los estándares actuales, y la gestión del inventario en pleno combate es caótica, especialmente en solitario. También hay que mencionar que el juego sufrió recortes significativos: originalmente estaba diseñado para el periférico de CD de la SNES —que nunca se lanzó—, y cuando el proyecto se canceló, Square tuvo que eliminar aproximadamente el 40% del contenido. Eso explica algunas transiciones abruptas en la historia y la sensación de que ciertos tramos se quedan cortos.
Pero nada de esto importa cuando juegas con amigos. El modo cooperativo sigue siendo tan divertido hoy como lo fue en 1993. De hecho, hay pocos RPGs modernos que ofrezcan una experiencia cooperativa local tan fluida y satisfactoria. Que un juego de hace tres décadas siga siendo referencia en algo dice mucho de su diseño.
Veredicto final

Secret of Mana no es perfecto. Su IA compañera es frustrante, su historia tiene cortes visibles y su combate puede sentirse lento. Pero su modo cooperativo para tres jugadores sigue siendo, a día de hoy, una experiencia que ningún otro RPG ha replicado con la misma gracia. Si tienes oportunidad de jugarlo con amigos —ya sea en el cartucho original, en la Collection of Mana de Switch o incluso en el remake de 2018—, háganlo. Es uno de esos juegos que te recuerdan por qué los videojuegos son mejores cuando se comparten.
Puntuación: 8.5/10