Super Mario 64 Review: El plataformas 3D que cambió el gaming para siempre
El 23 de junio de 1996, Mario saltó hacia la tercera dimensión y el gaming nunca volvió a ser el mismo. No, no es una exageración. Es un hecho verificable: los juegos que vinieron después, tanto de Nintendo como de la competencia, tienen la huella de Super Mario 64 grabada a fuego en sus mecánicas.
Pero dejemos los preámbulos épicos para otro tipo de posts. Vamos al grano: ¿merece la pena jugar hoy a Super Mario 64? Spoiler rápido: depende. Depende de cuánto te importe jugar a un juego que inventó medio género. Sigue leyendo.
Ficha técnica
- Título: Super Mario 64
- Año: 1996
- Plataforma/s: Nintendo 64
- Desarrolladora: Nintendo EAD
- Género: Plataformas 3D
¿De qué va esto?
Bowser, el dragón turtle de turno, ha vuelto a secuestrar a la princesa Peach. Esta vez no se ha limitado a encerrarla en otro castillo del mundo. No, Bowser ha invertido las monedas de los castillos en comprar los sellos del universo y ha escondido las estrellas de Power Stars dentro de niveles que solo existen dentro de cada castillo. Sí, ahora los niveles están dentro del castillo. Nintendo se lo inventó. No tenían obligación de hacerlo, pero lo hicieron.
Nuestro fontanero favorito —ahora con un modelado 3D que en su momento parecía cosa de magia— tiene que recuperar las 120 estrellas escondidas en 15 niveles distintos para acceder a las batallas finales contra Bowser. Cada nivel es un pequeño mundo abierto (para la época, uno enorme) lleno de secretos, monedas y, por supuesto, plataformas.
El juego en acción
Hablemos del joystick analógico, porque aquí es donde empieza todo. El stick de la Nintendo 64 tenía 8 direcciones virtuales, pero el control de Mario en Super Mario 64 era semicircular: podías moverte en ángulos, algo que hoy damos por sentado pero que en 1996 era una mini-revolución.
El sistema de cámaras merece su propio párrafo, porque fue un problema que Nintendo tuvo que resolver sobre la marcha. No existía un stick derecho dedicado a la cámara como hoy. Así que el juego usaba un sistema híbrido: la cámara te seguía automáticamente, pero podías moverla con los botones L y R. No siempre funcionaba bien —los muros eran un problema constante—, pero la solución de emergencia era el «C-up» del D-Pad, que centraba la cámara detrás de Mario. En 1996, esto era tecnología punta.
Las mecánicas de salto evolucionaron de forma radical. Ya no estábamos ante un sprite que caminaba a izquierda y derecha; ahora Mario podía correr en cualquier dirección, frenarse en seco, hacer un triple salto cargando, o lanzarse en paracaídas con el sombrero wing. Cada acción tenía su momento. Los veteranos del juego todavía discuten si el triple salto es más fiable en condiciones de estrés o simplemente te odia.
Y luego están las estrellas. El juego te daba un objetivo claro pero múltiples formas de lograrlo. Podías completar el nivel como te diese la gana. Querías la estrella de derrotar a 100 monedas en el nivel de la isla de los búhos? Hazlo. Preferías la de llegar a la cima sin tocar ningún enemigo? También es posible. Esta libertad era nueva en los plataformas, y todavía se siente fresca.
¿Cómo ha envejecido?
Aquí viene la parte difícil. Super Mario 64 tiene casi 30 años, y se nota. Los gráficos están lejos de lo que recordamos —texturas planas, modelados simples, animaciones que hoy parecen toscas. Pero hay algo que no ha envejecido: la sensación de control. Mario se mueve con una fluidez que muchos juegos 3D actuales todavía envidiarían.
La banda sonora, compuesta por Koji Kondo y su equipo, sigue siendo impresionante. Los temas de cada nivel son icónicos —el de Cool Cool Mountain, el de Dire Dire Docks, o el eterno «Super Mario 64 Theme». Se te quedan en la cabeza para siempre. Puedes tararearlos ahora mismo. Admítelo.
La cámara, sin embargo, muestra su edad. Los estándares de control actuales son inalcanzables para un juego que tuvo que inventar la wheel. Los pasajes estrechos siguen siendo frustrantes, y hay momentos donde la cámara decide por sí misma que no, que hoy no te quiere dejar pasar.
Lo que sí ha envejecido mal es el sistema de guarda. Ningún guarda en el nivel, nada de checkpoints, y si te caes al vacío, vuelves al inicio. Para un juego que premia la exploración, esto es un riesgo que hoy no te permites en un AAA. Pero también forma parte de su encanto: jugar sin redes.
Veredicto final
Super Mario 64 no es un juego perfecto. Pero es uno de esos juegos que justifican su existencia por ser el primero en hacer algo que ahora parece obligatorio. Inventó el plataformas 3D con intención real. Mostró que el joystick analógico podía ser preciso. Demostró que un juego podía tener niveles como mundos pequeños llenos de secretos.
Si juegas hoy, ve con expectativas ajustadas a la época. No es un Odyssey. Pero si notas que Mario se mueve raro en algún juego moderno, si aprecias cuando un personaje responde al instante a tus órdenes, si disfrutas de un nivel bien diseñado… ahí está la huella de Super Mario 64. A veces la historia de los videojuegos no se mide en gráficos, sino en lo que aprendieron los desarrolladores que vinieron después.
¿Recomendable? Para cualquiera curioso por la historia del medio, sí. Para fans de Mario que quieran entender de dónde viene la saga, imprescindible. Para el jugador casual que busque un juego para pasar la tarde… hay opciones más accesibles. Pero si alguna vez te has preguntado cómo se construye un clásico desde cero, abre el castillo. Las estrellas siguen ahí dentro.